[Publicado en http://www.discovernikkei.org/forum/es/articles]

“CHINO”

En forma de agresión verbal, explícita o no, ese racismo costumbrista se da a través del mediatizado “chinito”, dicho por aquellas señoras regordetas que toman la situación con diversión y que venden tamales frente a las puertas abiertas de sus casitas con paredes color “papel higiénico” (esos rosados, verdes, celestes y amarillos pasteles) donde no encontramos pintura descascarada; “chino” dicen aquellos que están tomando cerveza un domingo por la mañana en una esquina con la radio del auto a todo volumen mientras se ríen entre ellos de quién sabe qué detrás de sus lentes oscuros y sus apretadas camisetas sintéticas; pero ya sin la justificación de costumbre hay quien dice “amarillo como una gaseosa de piña” (profesor de talleres iniciales que me “enseñó” arquitectura en universidad nacional) de quien, hasta hoy, creo que lo dijo para bien… es decir, para dar a conocer su nivel intelectual, dígase ignorancia redondeada como la brillante calvicie que ostentaba sobre su bigotuda cara, “redondez” con la que hasta en ese joven momento no me había topado.

Pero no sólo este tipo de gente tenemos alrededor, también están aquellos que sin un ápice de cultura japonesa en su formación, denotan actitudes positivas y curiosidad para con la colectividad asistiendo a los Festivales de Cine, al Matsuri de todos los años, al Festival Gastronómico, a las exposiciones artísticas, a los Conciertos de la Canción Japonesa y a recitales de todo tipo provomidos por la Asociación Peruano-Japonesa.

PERSONAS POSITIVAS

Son ellos los que respondieron a mis preguntas y gracias a ellos puedo decir, entre otras cosas, que los Nikkei somos y tenemos buenos amigos no-Nikkei porque estamos totalmente integrados al trajín de una sociedad que siguió su evolución hasta hoy, junto con los primeros inmigrantes japoneses que llegaron el siglo antepasado.

Actualmente damos la imagen de que sentimos que este también es nuestro país, no sólo legalmente sino por compromiso real y además, lo ratificamos con hechos y con nuestro trabajo; aún así, en el siglo 21, seguimos siendo cerrados cuando nos juntamos en un evento porque tendemos a socializar sólo entre nosotros, como herencia o mala costumbre recibida de los padres y estos de los suyos a reunirse y compartir entre ellos únicamente, haciéndolo –aunque se daba sólo al inicio de la “colonia”- para evitarse el fastidio de sufrir el rechazo de otros grupos sociales que los podrían considerar peor que alienígenas.

El rechazo étnico en todas sus torpes modalidades sigue existiendo, con aura sempiterna, pero felizmente, está cambiando y también lo está haciendo la socialización cerrada, acercándose cada vez más a su extinción.

Esto último de la cerrazón social lo he visto muy de cerca pero, con la juventud como esperanza de cambio en todas las generaciones y a través de los tiempos, se forja dicho cambio (que es siempre positivo ya que demuestra evolución y no estancamiento que al final se transformaría en muerte) mimetizándose más con su medio social, además de enriquecer el todo de la colectividad aunque siempre a riesgo de que la tradición pierda base y luego se desaparezca institucionalmente.

Lo anterior debe mencionarse porque la personal afinidad de la colectividad a aquellas asociaciones fundadas por los abuelos, Kenjinkai´s y otros, ha ido desapareciendo ya que los jóvenes están muy ocupados con trabajos donde les piden alto rendimiento; porque se está perdiendo filiación de los descendientes cuando año tras año se hace lo mismo en las reuniones grupales y eventos; porque la colectividad está mermando su propio liderazgo y fuerza al no renovarse en fondo y forma.

Tras esto, terminará por carecer de presencia institucional sino es a través de unas cuantas apariciones mediáticas impresas (ni siquiera digitales a través de una web), cosa que ya vemos de hace algunos años. Salvo buenas, esforzadas y trabajadas excepciones, todo tiende a desaparecer, sea por fusión para crecer o dejar de ser chiquititos o por extinción.

Mas, aún tenemos y transmitimos a las generaciones jóvenes aquel sentimiento de identificación con ese lejano país del que importaron -los que fundaron nuestra actual existencia en el Perú- la responsabilidad, la honestidad, la puntualidad, el kimochi, el respeto por los niños y ancianos y el enrio… aún los tenemos, pero se están perdiendo como batería con indicador de carga baja.

OTROS INTEGRANTES, OTROS APORTES

–(IMAGEN: por polémico que pueda parecer fundir dos imágenes culturalmente opuestas y difusas, los como la imagen parte daruma (Bodai Daruma, Bodhidharma) y parte ekeko (s�mbolo andino de prosperidad; que para algunos japoneses es muestra de que Nikkei en el Perú no somos ni una ni otra sino una imagen yuxtapuesta de ambas culturas: como la imagen parte daruma (Bodai Daruma, Bodhidharma) y parte ekeko (símbolo andino de prosperidad; que para algunos japoneses es muestra de que “lo botaron de la casa” y por ello mal visto… cuestión de interpretación).)–

Lo bueno externo mencionable, hoy, son los “simpatizantes” no-Nikkei que se adhieren a estos grupos prefecturales en búsqueda de algo distinto, estando cansados y aburridos de su entorno habitual. Ellos dan el empuje necesario y las ideas frescas para seguir realizando las actividades institucionales que aún las mantienen a flote, empapándose de formas, comidas y costumbres orientales yuxtapuestas a las peruanas, así no tan lejanas a ellos mismos, pero conceptualizadas según la imagen exportada del japonés.

Aún así, muchos no-Nikkei nos ven como una cultura mística; siendo mística hasta para nosotros, Nikkei, todo lo relacionado con el viejo oriente ya que nuestras costumbres son occidentales: un kimono en la pared no hace diferencia ni comer soba u ozoni en año nuevo para después ir a bailar y tomar hasta el amanecer, pero de alguna forma afirma nuestro origen.

De misticismo nada tiene lo que aprendimos de los inmigrantes, mas eso último es poco comparado a la tremenda herencia cultural que nos da el Japón histórico que, además, hoy nos dice a través de documentales, escritos y palabras de viajeros, que se encuentra totalmente diferente a aquellas costumbres inculcadas en nosotros hace décadas.

Ese misticismo, mezclado con lo esotérico por falta de información, es el atractivo que llama a los occidentales (incluidos Nikkei) a explorar la cultura japonesa… y china y koreana también, ya que a lo lejos, todas se ven similares, requiriendo costumbres familiares, años de estudio o muchísima lectura para diferenciarlas.

Además, los apellidos japoneses están integrados fehacientemente a aquellos patronímicos radicados en el Perú de muchos más años atrás, sean décadas, centurias desde la colonización española o milenios; estas familias nuevas, “mezcladas” (según terminología obsoleta, de hace unos 20 años), es un fenómeno comúnmente aceptado pero aún rechazado en aquellas cabecitas viejas (por la mente, no por las canas ni arrugas ni colgajos) que creen que lo puro en la “raza” es un “derecho” [mal concebido] inexorable e inextinguible de aquella… si las razas son mentira, ese “derecho” también lo es.

Por la razón de que se está perdiendo el bagage (el bueno, lleno de virtudes y consideración) importado desde Japón es que hay que hablar más, transmitir más, comunicarnos como colectividad hacia la misma colectividad, mezclada ya genéticamente con los genes ancestrales peruanos.

Así, es indiscutible que nuestra colectividad se hace más colectiva aún, aportando diversas costumbres antes apartadas, pero con las que debemos aprender a vivir y compartir en pos de forjar un futuro común totalmente cosmopolita (y no hablo de la globalización, otra verdad mediática a medias); también debe tender a ser más espiritual -no tanto religiosa-, aunado a una tangible y disfrutable tranquilidad (estado anímico muy relacionado con el Japón de hace 100 años) y positivo en todo sentido posible.

(39) 14may08

[Columna POR UN PAR DE CUADRAS
Prensa Nikkei - Lima]

Bueno, no puede ser mas que una queja más de las tantas que estamos acostumbrados a enhebrar a cada día nuevo que nos despertamos con la mente despejada y lista para llenarse de preocupaciones, con la filosofía de la supervivencia con 2 soles diarios y de la bulla de gritones cobradores de combi.

El guachi llegaba a las 7 de la noche y se iba a las 7 u 8 de la mañana (según él). Yo, confiado… cuando escribí de él, el 31 de octubre del 2007. Sólo pasaron unos meses para que fallara el tipo.

Ya no cuida nada. Llega tarde. Parece que después de su TB no tiene voluntad para hacer bien las cosas. Se la toma a la ligera después de su chamba diurna, pasándose los comentarios de los vecinos por donde le venga en gana. Ahora llega entre las 8 y 11 pm, se va a las 6 am.

No mira de frente; no hace lo que debe hacer. Estuve en dos situaciones de posible riesgo, durante la madrugada y en el transcurso de 10 días, pero no se oyó ni el pito a lo lejos. Estaba durmiendo en algún lugar, arrecochinado entre cojines viejos y acarosos.

No hice caso a continuos chismes de viejas que se sentían (y se sienten aún) estafadas por este cuidador de nada; me decían, aquellas arrugas, que yo también le dijera algo al respecto, que “está faltando mucho”… cuando en realidad no debería faltar, que “hay que buscar alguna forma de controlarlo”… pero él es quien debería controlar y no los vecinos a él. Hablar es fácil cuando se espera que otro haga lo que uno quiere que se realice.

Pero no. Ya no hay más tiempo, el cuidador es dinero al aire; si me tengo que cuidar solo prefiero hacerlo sin esperar que aquel -al que le he pagado durante meses, casi un año- se aparezca con una cachiporra o por lo menos con una piedra de esas, tantas que hay de veredas y pistas rotas, como si fuese “mafia” de construcción civil.

Tampoco le exigiría que venga corriendo con un palo de madera a ahuyentar a los “atracadores”, que con cuete en mano lo eliminan de un solo reventón; no le pediría que estuviera parado toda la noche fría, aunque fuese en verano, frente a mi fachada porque me hartaría de verlo como monigote de un lado al otro cual caricatura amorfa y gritona de Nickelodeon (sin mensaje, sin valores y con desparpajo sobrante… así es la televisión actual para los futuros adolescentes vanos que hoy toman de biberones; se autodenominarán “incomprendidos” como en todas las generaciones, por los siglos de los siglos).

RIESGOS

Una de las situaciones fue una entrega de flores… ¡!!! A las 11.30 de la noche. Qué buena la empresa, que viene a despertarme después de un día de harto trabajo frente a una torpemente estoica computadora, porque el remitente (2 personas a razón, porque así salió más barato), dijo que las entregaran entre 9 pm y 12 am. Alabados los trasnochadores a quienes les gusta recibir regalitos en plena madrugada (¿cómo me aseguro que el delivery no tiene un revólver en la espalda, que no lo sacará después de que le abra la puerta y que no vaciará la casa dejando el arreglo floral tirado en medio del piso de una vacía sala?). Nada pasó; la empresa es muy conocida, reparte rosas, las cultiva en Arequipa y también vende osos de peluche disfrazados; además, aprovechando los estereotipos, debe tener bombones de chocolates, vinos en caja y tarjetitas con sendas flores impresas.

El 2do. posible riesgo fue a las 5.30 am, en pleno sueño (porque la remisión del mismo, para mí, comienza como a las 8 am, mientras que sorprendentemente –para mi otra vez- hay quienes están ya en la calle a esa temprana-fría-oscura hora.)

Se trató de un huancaíno, al que no entendí una palabra por su español quechuazídico, sin desmerecer al idioma ni al dialecto y mucho menos a los de Huancayo. Me dijo, con cara grasosa y gritando, a pesar de que los susurros se escuchaban a esa hora, de que buscaba a una tal Nita o Rita o Pita, alguna tía vieja que habrá vivido por aquí hace añales, de la que conservó su dirección en algún papelito suelto para venir a visitarla, supongo, cuando quisiera venirse a la gran Lima polucionada (y donde la caja de chelas es más barata).

Con descaro me pidió 10 soles, y prestados, a lo que por tercera vez le grité que se retirara (mientras que el Serenazgo, dos de ellos, en la esquina conversaban sin siquiera voltear la cara ni hacer el gesto de acercarse, o sea, “no es mi problema si alguien te viene a visitar en la madrugada aunque no sepas quién es y le estés gritando… casi escupiéndole a la cara”). Después de no sé cuántos gritos –mios- preguntó que si tocando en la casa vecina le iban a dar la dirección de la tía esa… y después se quejan por la mala fama que se hacen. Prefiero decir que las razas no existen (cosa cierta) para no caer en el círculo vicioso del desprecio.

Tal vez su bus llegó a las 5 am a Lima y se encaminó hasta aquí, a despertarme y a malhumorarme todo el día que ni había empezado; y el guachimán, brillante dentro de su chompa marrón por el vacío de su presencia en la oscura noche con luz de poste y sombra de arbol viejo sobre concreto rajado de una sucia pista.

Una noche, días después, llegamos a las 12 am y nada, ni pito ni tipo ni un espíritu errante por allí. Fue suficiente. Le dí de baja, decidí no tirar más dinero al viento (¿para que termine pagando deudas mal contraídas o enfermedades por descuido?).

Cuidar casas por un par de cuadras le funcionan para ganar su cachuelo nocturno mientras no se duerma dentro de un cacharro abandonado, tocando su pito a media noche (despertándome de un susto) y después únicamente pitando en sus sueños hasta el momento de chapar su combi de regreso pa´la casa. Ya pues.

[Publicado en http://www.discovernikkei.org/forum/es/articles]

Inquietud: No sólo investigo para saber qué piensa, sino también para definir (personalmente) cuál será el futuro de la colectividad Nikkei, que está entrelazándose con mayor velocidad a su entorno, propio y ajeno a la vez.

Estos artículos iniciaron por la curiosidad de saber cómo nos perciben aquellos que nos ven como externos a su cultura, que también es nuestra, pretendiendo así despertar la inquietud en los Nikkei de hoy sobre su papel en la sociedad, el rol de nuestras instituciones (a las que de una u otra forma pertenecemos) y el futuro de nuestra identidad – no tan japoneses no tan peruanos, lo primero por el origen legal, idioma y costumbres y lo segundo por los rasgos genéticos.

Estos artículos, además, están basados en conversaciones, opiniones y sentires de muchas personas con cierto grado de conexión -sea emocional, familiar o institucional- con la colectividad Nikkei, y sin ella.

Así nace Futuro Colectivo, la columna donde expondré puntos de vista sobre la procedencia, ascendencia y desempeño de miles (yo, junto con ellos) encaminados o filtrados o complementados a través de pareceres externos a la misma colectividad.

La razón de esta columna es la siguiente: en una sociedad hiperactiva donde el tiempo vale más que la calidad de vida, ya no tenemos “tiempo” para conversar e intercambiar pareceres ni opiniones, siendo éstas tan importantes para llegar a entender el entorno en el que vivimos.

——–

Hubiera sido muchísimo más fácil preguntar a tantos Nikkei amigos y familiares cómo se sienten en Lima - Perú o qué opinan de sus legados después de tantas generaciones en este gran país; la mayoría me hubiera prestado su tiempo después de quedar en reunirnos en algún momento y lugar para responder a mis preguntas con tranquilidad y detalle.

También hubiese podido conversar con los abuelos y abuelas que aún están con nosotros (Issei y Nissei), sobre sus experiencias y anécdotas, vertiéndolas en letras como documentación verbal de agitares y largas vidas Nikkei en el Perú.

Pero más enriquecedor es hacer lo contrario a ello, no en oposición sino en franco complemento, ya que una opinión externa enriquece lo ya rico y resalta lo defectuoso (para ajustarlo y corregirlo), siempre que se procese, utilice y difunda la información con mente abierta.

Por ello agradezco a muchas personas no-ligadas a la colectividad que utilizaron parte de su tiempo en responder preguntas enviadas por e-mail y escritas, en reenviar ese mismo correo y pedir a amigos y conocidos que ayuden con sus respuestas a preguntas como ¿Tiene amigos íntimos Nikkei o conoce a alguno? ¿Qué cree que piensan los Nikkei peruanos sobre el Perú? ¿Cree que los Nikkei se encuentran integrados a la sociedad peruana y trabajan al unísono por el desarrollo del Perú?, entre muchas otras. Gracias a todos aquellos que me apoyaron para escribir este artículo, siendo sus respuestas, pareceres e impresiones, fundamento del mismo.

¿QUÉ ES UN NIKKEI… QUÉ SOY YO?

Considero que este cuestionamiento, personal y exteriorizado, es una forma más de mostrar al mundo la herencia Nikkei que transmitimos de una generación a la siguiente, reafirmándola así con cada acto que la involucre.

Soy 3ra. generación (paterna, sansei) y 4ta. (materna, yonsei, aunque se tome en cuenta sólo la más cercana al origen japonés). Estudié (aunque no tanto aprendí) en un colegio católico, como todos en el barrio, pensando que esto era una generalidad absoluta (así parecía hasta que me enteré de que existían otras religiones); comí todos los dulces limeños en la dulcería de la esquina, con varias repeticiones; vi los mismos programas de televisión que mis compañeros de colegio y vecindad, y que casualmente venían del lejano oriente (en ese momento no estaba ni lejano ni cercano para mí, simplemente no podía estar dentro de mis consideraciones si ni siquiera preocupaciones había).

Pero también era “adicto” al arare (blancos pedacitos de masa de arroz frita) y al omochi (”masacote” de arroz en diversas presentaciones) preparados por mi obaachan (abuela) y alguna vez manoseados (ayudando) por mí en el proceso casero antes de comerlos tirado en la alfombra viendo televisión; además, al misoshiru (sopa de fermento de soya, algas, pescado rayado y otofu – conocido como queso de soya), al tororo increiblemente baboso (o yamaimo rayado, raíz de una planta pantanosa: Dioscorea japonica) y a la bolita tempura dulce llamada popo (aún no sé porqué) o andagi (en Okinawa).

Estos platillos, y algunos otros comidos con ohashi, sumados a los videos –en formato Beta de Sony-, juguetes plásticos y tarjetas coleccionables que los abuelos encargaban de Japón, empezaron a formar el pedacito de cultura japonesa que llevaré siempre como bagage colorido, lleno de robots y monstruos invasores y símbolos raros llamados hiragana, katakana y kanji (escritura japonesa)… vistos en los manga que jamás leí.

El idioma nunca cuajó, quizás porque la sensei en algún momento me tironeó de las patillas, sin razón y con furia (de la antigua, casi con cólera). La supuesta justificación para dicha agresión fue que le tiré (lo empujé para que estuviera al alcance de sus manos) un papel donde había escrito una plana de letras en hiragana… pero así se vio el momento a través de ojos antiguos. Por ello jamás quise volver a pisar su departamento con olor a viejo apolillado (el departamento, no ella… que olía a naftalina)… sé que soy temperamental.

De allí, nos fuimos a Panamá (mi familia), lo que nos alejó de la colectividad Nikkei en el Perú manteniendo el vínculo únicamente a través de la comunicación familiar por cartas, videos y cintas de audio grabadas… estas últimas como claros testimonios de que el tiempo pasa, no porque ahora sean usb o archivos enviados por internet, sino porque esa vocecita aniñada que dijo tonterías graciosas, jamás volverá a escucharse. En Panamá no tuvimos conocimiento de alguna asociación de inmigrantes japoneses y sus descendientes.

Ya en el Perú, de mis vivencias como si fuese “Nikkei en otro planeta” puedo recordar aquellas miradas extrañadas en la plaza de armas (plaza central) de alguna capital de provincia o de algún pueblito cercano a la carretera Panamericana, ya que todos tienen su plaza de armas por mas pequeños que sean.

Eran miradas por encima del hombro que no me sacudía sino con el voltear de la esquina; o también como si fuese mundialmente famoso (cosa que no quiero ser), grupitos cuchicheaban entre ellos, mirones o chismosos, riéndose bajito mientras me perdía de sus vistas… o tal vez como novedad cirquera cual “atracción jamás vista” o freak, como dicen algunos alienados que sólo ven televisión por cable.

Cómo verlo y sobre todo cómo tomarlo, depende de la carga cultural de cada cual; al inicio me parecía insultante por culpa o gracia de las estandarizadas normas de conducta que transmitían los manipuladores programas educativos para niños sobre respeto, tolerancia, civismo, etc, pero después me dí cuenta de que en la mayoría de situaciones son sólo letras y palabras al viento y que uno debe adaptarse a cada situación, es entonces, cuando comencé a entender que no era tan igual a ellos y que todo lo que hacía, sea hablado o actuado o por mi simple apariencia física, era escudriñado por aquellos que me veían, sí o sí, diferente.

De esos ojos provincianos que apenas han visto a un “chino”, en lugares turísticos pero lejanos a la convulsionada capital, caminan y medran donde no hay asociaciones de descendientes de japoneses (ni de chinos) sino juntas comunales para desarrollo agropecuario y agrupaciones para producción de artesanías siendo estas y sus comercios, una gran oportunidad para conocer cómo funcionan aquellas mentes que nunca o casi nunca han tenido contacto con un Nikkei.

Muchos se sorprendían de que hablara el español mejor que ellos. Es mi lengua nativa como la de ellos, su ascendencia tanto como la mía, tenían un lenguaje distinto: dialecto nativo de la zona / japonés de mis abuelos, mas sólo atinaban a reír o a sonreír de vergüenza por haber creído cosa errada, como que era turista del tipo “mister, good price for you… discount“.

RACISMO

Las razas no existen, insisto en todo medio posible. Venimos todos, según un documental de National Geographic, de los negros; no es para reír y tampoco para detestar sino para pensar… ¿en qué? En que todos somos iguales aunque nos veamos diferentes; aunque comamos comida cruda, como el sashimi con wasabi o con la mano derecha como en India, porque la izquierda es para limpiarse lo del inodoro; aunque los ojos sean como de “alcancía” o los tengan tan grandes que a mediano plazo tendrán algún tipo de deficiencia visual; aunque seamos oscuros y chatitos o jorobados seres lánguidos cubiertos con pálida piel, casi transparente.

Como toda minoría étnica, los Nikkei peruanos a través de la historia, hemos sufrido racismo malintencionado teniendo algunos de sus picos en el período convulsionado previo a la 2da. guerra mundial y durante ella cuando el Perú declaró la guerra a Japón y deportó a miles a los campos de concentración o “internamiento” en Estados Unidos; y recientemente en la primera postulación de Fujimori a la presidencia del país, luego, convirtiéndose él en fenómeno político-social de masas (esto es, que el racismo se dio en la “clase alta” y algo de la “media”, mas en la “clase baja” fue tomado con más gracia, mostrando así un poco menos de ignorancia que aquellos que cultos se creyeron… por irónico que suene, y justamente esta “clase” fue la que lo re-eligió presidente). Además, en la elección presidencial entre Toledo (en su 1ra. postulación) y Fujimori, los partidarios del primero, durante la agitación llamada “de los 4 suyos” dijeron a los medios que iba a aparecer muerto un “japonés” diario en las calles si Fujimori salía reelegido; ciertamente que eso nunca se iba a dar, pero la colectividad y los japoneses en el país sufrieron esta violencia verbal debido al racismo político… a fin de cuentas, ignorancia.

Aunque utilicé la diferenciación por clases, debo decir que las clases tampoco existen ya que la discriminación por poder adquisitivo es una falacia, así como lo son el derecho legal, la política y la economía (gran titiritera de la anterior)… sin éstas la humanidad viviría tranquila consigo misma, en franqueza con las verdades generales y universales de la vida, entre ellas, el que todos somos iguales y por eso estamos conectados; pero como no lo hacemos así, debemos regular todo para evitar desmanes y abusos, pero por eso mismo estamos como estamos, con gasto militar en decenas de miles de millones al año mientras miles mueren de inanición cada minuto y cientos de miles se enferman todos los meses debido a la contaminación de la depredación corporativista.

Retomando al Nikkei en el Perú, que igualmente sufre de estos males globales, también lo hace a manos del racismo costumbrista o de transmisión por ignorancia, recibido por la mayoría de nosotros con sonrisa forzada pero nada más, dando así a entender que sabemos que no es sino la autoseparación inconciente del yo [ignorante] de los demás diferentes a mí, resumiéndose en “yo no soy como tú, sino que tú no eres como yo”.

[38] 07may08

[Columna POR UN PAR DE CUADRAS
Prensa Nikkei - Lima]

[...esto es para leerlo sin prejuicios y con mente muy, muy abierta, y si no la hay, a leer igual...]

Que friega, que reniega, que resondra… pero por algo será. No sólo porque quiere fastidiar sino tal vez, dando el beneficio de la duda, porque quiere hacer entender algo aunque sea con sus maneras.

Muy aparte del lado casero que algunas tienen aún, o sea de si cocina o no, si limpia o no, si ordena la casa o no, si cria bien al hijo o no, que son trabajos muy pesados pero nada apreciados, el lado maternal es algo que surge extrañamente en algún momento de sus vidas y se queda con ellas por varias décadas. ¿Tendrá algo que ver una de sus etapas hormonales? ¿O será que los medios han hecho (fabricado) que se quiera tener hijos a tal y cual edad?… como aquel ignorante se te va el tren.

Habría que investigar estas cifras en el pasado, cuando no existía ni radio ni televisión y no habían tantos complejos ni vanidad, y compararlos con los embarazos de hoy (que comienzan tan temprano como a los 12 años y muchas veces de forma asquerosamente incestuosa – menos mal que este último no es un mal generalizado ni aceptado tácitamente, sino que hoy se oye más de él porque hay más gente en el planeta).

Todas las mujeres que tengan hijos o niños a su permanente cuidado pasarán, de una u otra forma, por estos estadíos emocionales en los que se les clasificará de todo, de frente a la cara y a espaldas de ellas. Obtendrán oposición clara y malcriada, comentarios descarados y rechazo, que al final se convertirá en alejamiento producto del hastío del disco rayado. ¿Me dirán las madres de hoy no pasaron también por esto?… ya vieja, ya vengo; ya, no jodas que lo voy a hacer; está bien, mañana le digo lo que tú quieres que haga… bueno, esta tarde lo haré; ya no me pegues, yo no tengo la culpa…

EXCEPCIONES

Aquellas desnaturalizadas que tienen hijos para alquilarlos, malaventuradas; aquellas que quieren tener hijos sólo para que las mantengan, malaventuradas; aquellas que se desentienden de sus hijos por placeres egoístas, malaventuradas. Aquellas que manipulan a sus hijos para tener sus billeteras y tarjetas de crédito a disposición, malhabidas; aquellas que tuvieron hijos pero no les brindaron ni una palabra reproduciendo así lo que sus padres hicieron con ellas, malhabidas; aquellas que venden los órganos de sus bebes o los dejan tirados en un tacho de basura, desgraciadas. Y así continúa una lista interminable en todos los paises y regiones, culturas y sociedades, creando una carga social inmensa ya que la virtud de concebir fue mal utilizada.

¿Y qué pasa con aquellos que fueron criados con mamitis? Bueno, esos imitarán los mismos esquemas en sus matrimonios y con sus hijos e hijas; es un círculo vicioso reproducido generación tras generación, degradándose a cada nueva camada hasta llegar a perder los antiguos y buenos valores familiares a mano de la conveniencia manipulada (creada) de tener a la madre cerca y satisfecha. Por ello el divorcio tiene porcentajes cada vez más altos (como los abortos y las demandas por manutención); una gran cantidad de razones se atribuyen a que el esposo responde más por la madre que por su esposa e hijos.

Siendo la madre tan importante para el desarrollo de toda persona, se podría postular que también la madre es la fuente de muchos males emocionales que existen hoy, transmitidos ignorantemente a los hijos: si la madre es desnaturalizada o dejada, indiscutiblemente los hijos heredarán algo de ese comportamiento.

También escribiré de los padres en su momento… no se salvarán o las madres no serán las únicas que tengan en su haber el prontuariado de transmitir lo malo a su descendencia.

Pensando así se llega a la conclusión de que nadie es normal ya que desde nacidos mostramos psicopatías que se van moldeando y reprimiendo según el entorno social. Entonces la normalidad es lo anormal… así todos estamos bien (pregúntenle a un psiquiatra con experiencia).

SIEMPRE MADRE

Pero si no queremos ver esto, utilicemos una faceta joligudense, la de mamá sólo hay una a la que se regala joyas, vestidos, electrodomésticos y se la saca a comer y pasear un par de veces… al año: en su cumpleaños para que no cocine y en el día de la madre, cuando todos están invadidos por ese espíritu mágicamente extraterrestre de “amo a mi mamá”.

Canciones y poemas hablan del regalo de poder ser mamá, endulzando la gestación, a veces con ridículas y vomitivas presentaciones televisadas de una ecografía con estereotípica voz en off del bebe que está por venir y que dice aún no te conozco pero sé que eres la mejor mamá del mundo (sin siquiera conocer cómo está el mundo… si lo supiera, ¿qué tan “mejor” sería la mejor, que lo está trayendo a este presente?).

Pero la frase Siempre Madre es una loa que tendrá la virtud de existir mientras exista una, ya que la perpetuación de la especie humana se debe a ella.

Gracias por existir –tipeo con descaro después de lo expuesto- ya que no me hubiera sido posible escribir esto. Mejor es caminar un par de cuadras y pensar en que la madre es la que nos quiere tal como somos, y si somos buenos hijos, la querremos tal como es… a fin de cuentas, ninguno de nosotros es normal. ¡Qué desfachatez!

(37) 30abr08

[Columna POR UN PAR DE CUADRAS
Prensa Nikkei - Lima]

¡Más de 100 mil personas! Cuántos años tienen los postes de Jirón de la Unión; un tipo llamativo está parado frente a una de las antiguas galerías, con bolas de metal debajo de la piel totalmente tatuada… como que dejó de tener apariencia humana, por lo menos con la que todos nacemos; una chica, de 19 ó 20 años, ofrece… tarjetas para celulares prepago. Otros gritan a través de un micrófono las ofertas de ropa china y zapatos de cuero nacional, y a lo lejos un cursillo de inglés en cd´s.

Cuántos años más tendrá la Plaza San Martín y la Plaza Mayor y cuántos millones de pasos habrán gastado sus tantas veces remodeladas veredas. Y el Hotel Crillón, cerrado, se yergue imponente en la Av. Tacna pero oscuro por el hollín. El Centro Cívico, de color sucio, alto y arqutectónicamente esbelto, contiene oficinas estatales en el lugar donde originalmente estaba La Penitenciaría de Lima (construída en el siglo 19 por mandato del presidente Ramón Castilla).

El Palacio de Gobierno era una construcción de un sólo piso y su plaza tenía una pileta rodeada por árboles. Antes el Jr. Carabaya se llamaba Calle de la Coca y Bodegones; la Casa Osambela (en el último jirón antes de cruzar el río) era muy parecida a la de hoy pero con puertas para atención a la calle en vez de ventanas.

La fachada de la Iglesia de Santo Domingo mostraba sus ladrillos y argamasa tal como fue construida. El Puente de Piedra, antes de ser remodelado, tenía barandales de concreto que tomaron la forma de sus mismos cimientos (como cuchilla por un lado para cortar la arremetida del agua y medio círculo por el lado contrario para crear una corriente envolvente alrededor del cimiento y evitar así un desgaste mayor).

La ribera del río Rimac, frente a Palacio de Gobierno, era una alameda que dio paso a la Vía de Evitamiento. La Alameda de los Descalzos tenía pinos con más de 20m de alto. La Av. Nicolás de Piérola, hoy con sus edificios altos, hollín y asaltantes, estaba pavimentada con adoquines y las alturas no excedían de 4 pisos. Desde la Plaza Unión se veían los cerros del Distrito del Rímac como fondo a la estatua de Don José de San Martín. Parece onírico, parece una buena fumada… parece mentira de político.

LO QUE HOY TENEMOS

Y así muchas construcciones y monumentos se han ido restaurando, desapareciendo, mudando y a veces afeando con cada cambio en el sillón municipal.

Los problemas acrecentaron en esa época de la infundada violencia terrorista, con la migración masiva y descontrolada de personas de provincias a la capital, subiendo los índices de pobreza y por consecuencia la delincuencia, los maltratos familiares y la fricción urbana. La ciudad sufrió un incremento en el movimiento de personas que se movilizaban al trabajo y luego retornaban a sus casas y el centro histórico no fue excepción. El sistema de transporte público estaba saturado y el tránsito vehicular también porque no estaba planificado un crecimiento tan rápido además de no haber recibido el mantenimiento adecuado en los sistemas de iluminación y de semáforos.

Lo interesante de nuestro centro limeño actual es la transformación que está teniendo, con sus nuevos puentes, vías y alamedas, con su nuevo orden urbano que por decenios nadie se atrevió a imponer y el cuidado y restauración de fachadas de adobe y quincha y de esos gigantes balcones de madera que bien podrían ser una habitación más de la casa.

Cierto es que algunas construcciones deben ya derrumbarse porque ponen en riesgo la vida de decenas de personas que sobreviven el día a día en Barrios Altos, en las riberas del río, y un sin número de recovecos que alguna vez fueron simpáticas quintas y solares (hoy llamados corralones o ranchos, antecedidos por su mala fama) con diseño arquitectónico y construcción muy detallada… antes había tanto tiempo para hacer las cosas, tanto así que tallando una cama para alguna personalidad con mucho dinero, daba para vivir varios meses sin mover un dedo.

Y para comer, también hay historia. Queirolo y El Cordano son las tabernas más conocidas donde ahora se venden menúes. Con un vaso con vino entre paredes de adobe y vigas de madera, se pasa una tarde para después dar una vuelta entre la vejez y la melancolía con siglos de experiencia, que se dejan sentir en el centro de nuestra capital.

NADIE QUIERE IR

A un taxista le pregunto cuánto hasta Lampa, no voy dice. Está tan congestionado por las remodelaciones y por la cantidad de autos y buses que prefieren no consumir combustible parados en una docena de semáforos que arremeten cuadra a cuadra.

Hay que tener paciencia y esperar a que los alcaldes tomen buenas decisiones, porque una vez que sea así, el centro será indiscutiblemente peculiar con su mezclado y necesario progreso tecnológico entre marañas de cables de electricidad y teléfonos y balaustres de madera incompletos con uno que otro gallinazo.

Esperemos que no se pierda ese buen gusto por lo antiguo (no lo viejo) porque cuando en algún lapsus histórico, lo antiguo se arruina para dar paso a lo feo perdemos nosotros como humanidad, disque en pro de la modernidad. Caminemos por ahí, vigilando que eso nunca pase.